Tomando en cuenta que Píldoras de Tradumática 1 es un blog dedicado a las tecnologías para traductores, lingüistas y filólogos, no podía dejar pasar la oportunidad para hablar sobre la traducción automática.  Desde mi perspectiva, la traducción automática ha recorrido un largo camino, desde que se empezó a utilizar, con fines militares, durante la Guerra Fría. Parecía que, después del informe del ALPAC, las inversiones en las investigaciones sobre traducción automática se habían reducido en los 70, pero, si buscamos de forma más detallada, era en los 80 sobre lo que más se investigaba dentro del entorno de la lingüística computacional, justo en el momento en el que aparecen en el mercado las primeras aplicaciones de traducción asistida por computadora. ¡Claro!, como lo señalan Oliver y Moré, en su libro Traducción y Tecnologías, la traducción automática no tuvo el desarrollo esperado mientras duró la Guerra Fría, debido a las limitaciones propias del software y del hardware de esa época. Por supuesto, esto supuso un avance positivo en el desarrollo de tecnologías pensadas en asistir al traductor más que en sustituirlo.

Para mí es asombroso que ahora se complementen los sistemas de traducción asistida por computadora con sistemas de traducción automática. Además, veo cómo ha aumentado no sólo el número de páginas gratuitas que ofrecen traducir cualquier texto, sino también la cantidad de programas de traducción automática de licenciamiento tradicional; ya no están sólo Systran,  Babylon o Google Translate, ahora, existen muchísimas opciones de distinta calidad y precios.

También observo que, a la hora de utilizar los traductores automáticos, existen diversas necesidades y, por ende, distintos tipos de usuarios. Por ejemplo, están los usuarios que se quieren dar a entender en un conversación virtual y que les resulta inviable, por cuestiones de tiempo más que de dinero, contratar un traductor para que traduzca sus mensajes. Otro grupo de usuarios de la traducción automática serían las empresas que tienen una necesidad latente de traducir millones de palabras anualmente y que, si bien utilizan un servicio de traducción o cuentan con un departamento de traducción propio, desean complementar dicho servicio con la traducción automática. Un tercer grupo que existe es el de las empresas de servicios lingüísticos que encuentran en la traducción automática la posibilidad de aumentar la cantidad de palabras a traducir por día, para ofrecerle a sus clientes un servicio más rápido y, por ende, más económico, puesto que el precio por realizar la posedición no sería el mismo que el de realizar traducciones desde cero.

Ahora bien, ¿está bien o está mal utilizar traductores automáticos en el sector lingüístico? ¿Estará bien que una empresa de servicios lingüísticos o una empresa que cuente con un departamento de traducción utilice como complemento de la traducción asistida la traducción automática? ¿Amenaza el uso de la traducción automática los puestos de trabajo del sector de la traducción? Bueno, daré mi opinión, teniendo muy claro el hecho de que este es otro debate sin fin dentro del mundo de la traducción; alguien podría estar de acuerdo y alguien o muchos no.

Existe una realidad invariable para la mayoría de nosotros y es el hecho de que vivimos en un mundo que cambia constantemente y que ha hecho, a su vez, que también cambie la manera de trabajar. ¿Cómo sería la labor diaria de un traductor del siglo XVIII? Realmente, no lo sé, pero sí estoy segura que no le tocaba lidiar con formatos, computadoras, programas de traducción asistida y nuevas tipologías textuales a traducir. Ese traductor no vivía en un mundo globalizado, aunque sí, según en donde viviera, en un mundo convulsionado de otra manera. Los modelos de negocios están en constante cambio y, por ende, los puestos de trabajo. Por lo que más bien hay que adaptarse, ver nuevas posibilidades, nuevos nichos.

Por otro lado, el sector de la traducción es uno de esos sectores en donde lo que más está llegando a importar es el precio. Al parecer, no importa si la calidad del producto al final es buena o regular. ¿Por qué esto?  Lo que veo es que la cantidad de información que se publica cada año en la World Wide Web presenta un crecimiento diario casi que exponencial. Además, la Globalización está haciendo que las personas de distintas partes del mundo deseen consumir productos y servicios en su lengua materna. Estos dos factores se traducen en miles de millones de palabras y oraciones que se producen  diariamente. Por último, Habrá mucho traductor humano en el mercado, pero la demanda del servicio es casi que infinita. Con todo esto, no es para menos pensar que si se invierte en traductores humanos para traducir las cantidades ingentes de información, pues que no se va a terminar nunca y el precio va a ser más que exorbitante. Así que la traducción automática entra al ruedo como una opción, para tratar de traducir la cantidad infinita de información que se necesitan en otros idiomas. 

Por supuesto, también observo entre los traductores autónomos un rechazo hacia la implementación de sistemas de traducción automática y también de traducción asistida por computadora. Pienso que este rechazo se debe a que quien implementa la tecnología, sobretodo si se trata de agencias de traducción, no termina de entender que la implementación de la traducción automática, al igual que cualquier sistema, debe tomarse en cuenta en el plan estratégico de la empresa. Ese plan permitirá desarrollar el flujo de trabajo del día a día, en el que se debería tomar en cuenta la preparación previa del documento, la redacción de los manuales de estilo y edición que permitirían ayudar a preparar dicho documento, de forma que la traducción automática proporcione mejores resultados; el mantenimiento de los diccionarios, los glosarios terminológicos, las memorias de traducción y los corpus con los que se alimenta el sistema de traducción automática y, por supuesto, un manual de estilo de posedición para quienes desarrollarán la labor de revisar y reestructurar lo generado por el traductor automático. En gran cantidad de casos, la traducción automática, al igual que la traducción asistida por computadora, simplemente, se implementa y ya, sin un proceso previo de análisis y desarrollo o selección de herramientas que permitan que, a través de ellas se arrojen resultados óptimos.

Existe un porcentaje, al parecer creciente, de empresas que piensan que la tecnología les va a resolver todos los problemas del servicio y de los resultados finales, cuando la verdad es que si se contrata a un traductor sin siquiera evaluar su trabajo y, además, no se le paga lo justo, pues que el resultado no será el esperado. Al final se le está respetando más a la empresa que desarrolla la tecnología que al profesional que va a traducir y a poseditar y quien es clave vital, para que el producto final sea el esperado por el cliente.

Varios traductores me han comentado el dolor de cabeza que es el trabajar con una memoria de traducción de pésima calidad o con documentos pretraducidos sin pies ni cabeza, básicamente, porque el cliente, empresa de traducción, sólo sabe de buscar proyectos y contratar traductores, pero no tiene ni la más remota idea de la importancia de una traducción de calidad en cuanto a su contenido y, mucho menos, de cómo hacer un mantenimiento viable de los productos que se utilizan cuando se trabaja con traducción automática y traducción asistida que ofrezca resultados que aumenten la productividad del traductor.

La implementación de la traducción automática, y esto también se aplica para cualquier sistema informático, no es simplemente comprar el programa y ya, existe un proceso de preparación, desarrollo, control de avances, entrega y evaluación de resultados. Por lo que he leído y escuchado, son muy pocas las empresas que realmente están conscientes de la necesidad de cumplir una serie de pasos, para que exista calidad y haya una relación ganar-ganar entre todos los que participan en el proceso de traducción. Mientras exista esa falta de consciencia, pienso que seguirá existiendo la aversión hacia la traducción automática que, desde mi punto de vista, llegó para quedarse.